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Acción femenina hacia el empoderamiento

Los talleres de autodefensa feminista dan claves para protegerse ante las agresiones machistas, físicas o no

Iturria: Leticia de las Heras - Noticias de Navarra

En la Casa de Cultura de Villava se reúnen una veintena de mujeres, algunas recién salidas de la adolescencia y otras con decenios de experiencia a sus espaldas. En apariencia son muy distintas, pero tienen un objetivo común: superar sus miedos a las agresiones machistas y empoderarse para poder hacerles frente. Todas son asistentes a un curso de autodefensa feminista, una actividad cada vez más habitual y que responde a una necesidad de autoprotección por parte de las mujeres.

Sufren estas actitudes en su día a día, incluso sin darse cuenta, aunque en algunos de los casos su propia integridad física ha llegado a estar en riesgo por el simple hecho de ser una mujer. La violencia está ahí, ya sea física o psicológica, pero se sabe esconder muy bien detrás de la facilidad que supone para la sociedad ser indiferente ante estas situaciones de machismo y seguir su camino sin comprometerse.

El taller se convierte ya desde la actividad de presentación en un espacio de confianza e intimidad en el que todas ellas pueden compartir sus experiencias, opiniones y dudas a cerca del rol que, como mujeres, tienen asignado en la sociedad. Según la instructora del curso, Naroa Argoitia Iñurrita, en estas formaciones se busca crear estos espacios de confidencialidad en los que cada mujer es libre de decidir qué quiere y necesita contar. “Creamos una intimidad que les permite soltarse y empezar a expresar muchas de las agresiones que han sufrido a lo largo de la vida y donde puedan plantear todas las inquietudes que guardan en su interior”, comentó haciendo ver que esto es muy positivo para ellas, ya que en multitud de ocasiones esconden estos sentimientos y opiniones. Y es que, como manda el refranero popular, calladitas están más guapas.

Según Argoitia, las asistentes a sus talleres suelen tener una conciencia mínima en lo referente al feminismo, así que, en mayor o menor nivel, conocen que las agresiones machistas no se limitan al plano físico. Pese a eso, asegura, se suelen reunir grupos muy heterogéneos en lo que se refiere a su ideología y, mientras que unas identifican con facilidad los micromachismos, otras descubren con sorpresa que en su día a día han estado rodeadas de actitudes machistas sin haberse percatado de ello, pues han convivido con ellas siempre y las tienen asimiladas como algo natural.

La instructora apunta que esta diversidad es muy enriquecedora, ya que permite valorar los aspectos del machismo desde diferentes puntos de vista y a través de múltiples experiencias. “Abogamos por el respeto y la escucha, no enjuiciar a las demás porque estas discusiones solo nos empequeñecen”, comentó apuntando que el objetivo está en intentar entender lo que la otra persona dice y qué implicaciones tiene esto para ella.

Con relativa frecuencia algunas de las personas que asisten a estos talleres llegan con una falsa idea de que se trata de un taller de autodefensa personal, pero aquí aprenderán mucho más sobre su posición en el mundo como personas. “Solemos trabajar diferentes dinámicas -explicó Argoitia-. La mayoría de las actividades del curso abarcan las cuestiones psicológicas y luego hay una pequeña parte más física en la que enseñamos estrategias concretas para casos extremos de agresiones, para aprender a defenderse ante una violación o un ataque físico”.

Entre las palabras de las participantes discurren muchos sentimientos, pero el miedo es uno de los protagonistas en estos primero momentos. Miedo a salir de noche, miedo a ir sola, miedo a ir al baño, miedo a salirse de lo que se espera de ellas... el miedo surge incluso cuando están rodeadas de gente, ya que, en algunos casos por propia experiencia, no confían en que nadie haga nada ante un caso de agresión. Y es que este miedo, en el fondo, es una muestra más del machismo de la sociedad, asentada en la creencia de que las mujeres deben tomar precauciones porque es fácil que les pase algo.

Resulta paradójico pensar que estas cuestiones sean capaces de lograr que las propias mujeres se limiten a si mismas su capacidad de decisión, manteniéndolas en una posición de sumisión y obligándoles a depender de otras personas para poder hacer actividades tan cotidianas como ir a dar un paseo. La monitora expresó que muchas de las asistentes buscan en estos talleres herramientas para no tener miedo y sentirse más fuertes, más empoderadas.

Los miedos son comunes a la gran mayoría de las mujeres, pero en el caso de este grupo también lo son sus ganas de superarlo. No son pocas las que acuden a este taller para aprender a enfrentarse a una agresión física o una posible violación, pero en estos espacios no solo se les dan esas herramientas. También les ofrece una base de actitudes dirigidas a aumentar la confianza y la seguridad, ambas muy importantes para prevenir un ataque, para que el miedo no les excluya del mundo y que puedan disponer de libertad de decisión sobre qué, cómo y con quién quieren hacer las cosas. La experiencia de su propio ser y su cuerpo es otra de las partes fundamentales de la actividad, pues según explica la monitora, esta percepción del propio ser facilita el empoderamiento de las mujeres y su seguridad.

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