Hasta que todas seamos libres

June Fernandezek Eldiario.es-en Emakume Mundu Martxatik abiatuta plazaratu duen hausnarketa feminismoez, erronkez, gaitegiaz...

 

Una caravana de mujeres diversas partió del Kurdistán el pasado 6 de marzo y mañana llega a Lisboa, después de recorrer Europa, pasando por Catalunya, Euskal Herria y Galiza. Es la Marcha Mundial de las Mujeres, cuya cuarta edición se ha marcado como objetivo " fortalecer la lucha por la defensa de los territorios de las mujeres; el cuerpo como primer espacio de lucha y el territorio local, donde se determina la vida cotidiana y la defensa de lo común". 

Lo interesante de este enfoque es que compartimos lo que tenemos en común (los embates del neoliberalismo, la preocupación por los cuidados o por la soberanía alimentaria, la violencia machista...) pero también nos acercamos a temas que no están tan presentes en nuestras agendas, como el colonialismo, la desmilitarización o el racismo. Me consta que en el País Vasco la organización de la Marcha ha facilitado un rico espacio de encuentro entre mujeres organizadas diversas. En un movimiento feminista tan plural como el actual, esta movilización aglutina a las feministas de las organizaciones con más solera, a las transfeministas, a las inmigrantes, a las feministas de pequeños municipios y de contextos rurales... Una gozada. 

Y esto me da pie a expresar una pequeña gran frustración. Reviso las estadísticas de Pikara Magazine desde que empezamos, en noviembre de 2010. Los 20 artículos más leídos en estos casi cinco años, que acumulan cientos de miles de visitas, tienen que ver fundamentalmente con sexo y con las relaciones sexoafectivas. Unos cuantos abordan la violencia sexual, pero de formas de violencia sexual presentes en nuestro contexto y en nuestra cotidianidad: el acoso en fiestas populares, las experiencias de acoso y agresión machista que normalizamos desde la infancia (en la calle, en el transporte público, en la familia...) Destacan también el polémico artículo de Beatriz Gimeno sobre lactancia materna y el desternillante vídeo de Alicia Murillo '¿A qué huelen los penes?', en respuesta a los anuncios de compresas.

Hace un par de años, en unas jornadas en las que yo participaba como ponente, una feminista especializada en cooperación internacional me dijo que el ciberfeminismo en general y Pikara en particular se centraban demasiado en lo ligado al cuerpo, el sexo y la identidad, en detrimento de temas relacionados con los derechos humanos, la globalización, el empobrecimiento, etc. Yo le rebatí, le dije que en Pikara también hablamos de Centros de Internamiento de Extranjeros, de pueblo gitano o de la situación de las defensoras de los derechos humanos en Honduras. Pero lo cierto es que lo visible, lo que la gente más comparte y retiene, es la eyaculación femenina, el poliamor o el 'Manual de masturbación lesbofeminista'.

Pensar que esto es malo, que refleja frivolidad o hedonismo, sería reproducir la clásica mentalidad patriarcal presente en los medios de comunicación tradicionales que distingue las secciones duras (Política y Economía) de las blandas (Sociedad y Cultura). Hablar de placer, hablar de cómo vivimos el amor, no es algo menor, es hablar de política y de derechos humanos. Además, ese interés revela una necesidad: frente al espejismo de la igualdad y de la liberación sexual, es evidente que la gente necesita hablar de sexo, dinamitar tabúes y nombrar agresiones cotidianas que se suelen justificar, callar o pasar por alto.

Hace un par de semanas publicamos en la sección Participa una crítica de una lectora a 'Cómo ser mujer', el bestseller de Caitlin Moran. Dice que no se la cree porque no es peligrosa, porque no incomoda a nadie, porque va de punk pero se queda en 'cool girl'. En postureo, vaya. A mí me pareció un libro ligerito e ingenioso, que aporta reflexiones curiosas sobre la gordofobia, el mandato de la depilación, la maternidad o el aborto. Temas importantes, sí, que atraviesan nuestra cotidianidad y que son sintomáticos de cómo el sexismo marcan nuestros cuerpos y nuestra autoestima. El problema es cuando creemos que el feminismo es eso. Cuando confundimos 'lo personal es político' con preocuparnos solo por nuestros malestares, nuestros kilos, nuestros pelos y nuestros orgasmos.

 

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