El Conflicto Mundial de las Mujeres

El articulo escrito por Jule Goikoetxea.

La Marcha Mundial de Mujeres ha dejado atrás Euskal Herria, se ha adentrado en Galicia y pronto bajará hacia Portugal. Ahora nos correponde a nosotras transformar esta marcha política en conflicto político evidenciando el capitalismo heteropatriarcal. Muchas trabajadoras tienen claro que en el sistema capitalista la paz del propietario es la violencia del trabajador, de la misma forma, muchas mujeres tienen claro que en el sistema patriarcal la paz de los hombres es violencia para las mujeres. Las categorías de hombre y de mujer, igual que las categorías de negro-blanco y de capitalista-obrero, son categorías socio-políticas y socio-económicas, no científicas, y dichas categorías no articulan la diferencia, sino la explotación.
 
Las sociedades liberales, incluidas las democráticas, son sistemas patriarcales basados en la división del espacio en público y privado. El espacio privado es por definición no-político, el esapcio de las mujeres, de la naturaleza, y en la naturaleza, ya se sabe, no hay leyes ni derechos. El espacio público, en camio, es de los hombres, el espacio de la cultura, la razón y las leyes: el espacio de lo político. La mujer, ser no-político, está condenada a cuidar a aquellos que hacen política, a educar a quienes gobiernan el conflicto político (el pueblo, el mundo).
 
En el actual sistema patriarcal, las mujeres paren, producen, educan y limpian la humanidad sin cobrar ¿Cómo va a ser la paz del hombre libre, la misma que la de su esclavo? ¿Cómo va a ser la paz del hombre público, la paz de la mujer privada?
 
La creación de un espacio llamado público, y, por tanto, la creación del hombre moderno, se lleva a cabo gracias a la exclusión de ciertos seres y/o relaciones del ámbito de la igualdad, es decir, del ámbito de la política. Cuando nada más nacer nos ponen la marca de mujer, perdemos el derecho a ser protagonistas de la historia. Todo nuestro cuerpo queda sexualizado (racializado) para toda la vida: no podremos ser jefe ni guerrero, seremos siempre el jefe negro o el guerrero mujer (sustantivo más –a como costilla del universal que es, obviamente, -o de fal-o). Sexualizadas primero y de acuerdo a ello, admitidas después.
 
La exclusión de las mujeres es estructural, y sistémica, no requiere de una intención explícita para ser excluida del espacio público y político: siempre esposa, hermana o madre, siempre cuidadora y servidora. Las mujeres nunca somos protagonistas del conflicto político, igual que no somos sujeto del conocimiento, de la historia y de la justicia. Las mujeres son los eunucos que cuidan de los protagonistas de la historia.
 
Una sociedad que se organiza en base al sexo, es decir, que divide el prestigio y el trabajo en base a la categoría de hombre-mujer (el heteropatriarcado), es como la sociedad que se organiza en base a la raza: racista. Porque la heterosexualidad no es una pulsión, es una ideología, como el racismo. El negro, el trabajador, la mujer: no son categorías de la diferencia, sino de la opresión. Y a esta opresión socio-política y económica la llamamos normalidad o estado de paz.
 
Que maten y violen a mujeres a diario y que generación tras generación sean colocadas sistemáticamente en la periferia es parte del funcionamiento normal de la democracia y base de lo que considermos una sociedad en paz. Que las mujeres trabajen sin cobrar o cobren menos que los hombres no es un conflicto político que tiene nuestra sociedad. Para ello no hay comisiónes internacionales de pacificación, ni procesos de desarme, no hay en el gobierno ninguna comisión vinculante: porque no hay conflicto político, hay normalidad patriarcal.
 
La democracia patriarcal implica un control basado en la disciplina, donde los hombres gobiernan a las mujeres: esa es la norma en el patriarcado, en eso se basa la paz del patriarcado. Si las mujeres no recuperan el espacio publico, la paz jamás será de las mujeres, es decir, la norma-lidad seguirá basada en la violencia y exclusión sistemática de las mujeres.
 
Como mujer, y ahora que estamos construyendo una nueva Euskal Herria, mi objetivo será gobernar (también) la violencia y el conflicto. Y no andar a la búsqueda de una paz patriarcal que es la encargada histórica de haber oprimido a nuestra clase socio-política. Tal y como se dijo en la ponencia La paz no existe, el feminismo sí, en el patriarcado el conflicto político se da cuando los hombres se matan entre ellos y la paz cuando los hombres acuerdan entre ellos.

 
La Marcha Mundial de Mujeres ha dejado atrás Euskal Herria, se ha adentrado en Galicia y pronto bajará hacia Portugal. Ahora nos correponde a nosotras transformar esta marcha política en conflicto político evidenciando el capitalismo heteropatriarcal. Muchas trabajadoras tienen claro que en el sistema capitalista la paz del propietario es la violencia del trabajador, de la misma forma, muchas mujeres tienen claro que en el sistema patriarcal la paz de los hombres es violencia para las mujeres. Las categorías de hombre y de mujer, igual que las categorías de negro-blanco y de capitalista-obrero, son categorías socio-políticas y socio-económicas, no científicas, y dichas categorías no articulan la diferencia, sino la explotación.
 
Las sociedades liberales, incluidas las democráticas, son sistemas patriarcales basados en la división del espacio en público y privado. El espacio privado es por definición no-político, el esapcio de las mujeres, de la naturaleza, y en la naturaleza, ya se sabe, no hay leyes ni derechos. El espacio público, en camio, es de los hombres, el espacio de la cultura, la razón y las leyes: el espacio de lo político. La mujer, ser no-político, está condenada a cuidar a aquellos que hacen política, a educar a quienes gobiernan el conflicto político (el pueblo, el mundo).
 
En el actual sistema patriarcal, las mujeres paren, producen, educan y limpian la humanidad sin cobrar ¿Cómo va a ser la paz del hombre libre, la misma que la de su esclavo? ¿Cómo va a ser la paz del hombre público, la paz de la mujer privada?
 
La creación de un espacio llamado público, y, por tanto, la creación del hombre moderno, se lleva a cabo gracias a la exclusión de ciertos seres y/o relaciones del ámbito de la igualdad, es decir, del ámbito de la política. Cuando nada más nacer nos ponen la marca de mujer, perdemos el derecho a ser protagonistas de la historia. Todo nuestro cuerpo queda sexualizado (racializado) para toda la vida: no podremos ser jefe ni guerrero, seremos siempre el jefe negro o el guerrero mujer (sustantivo más –a como costilla del universal que es, obviamente, -o de fal-o. Sexualizadas primero y de acuerdo a ello, admitidas después.
 
La exclusión de las mujeres es estructural, y sistémica, no requiere de una intención explícita para ser excluida del espacio público y político: siempre esposa, hermana o madre, siempre cuidadora y servidora. Las mujeres nunca somos protagonistas del conflicto político, igual que no somos sujeto del conocimiento, de la historia y de la justicia. Las mujeres son los eunucos que cuidan de los protagonistas de la historia.
 
Una sociedad que se organiza en base al sexo, es decir, que divide el prestigio y el trabajo en base a la categoría de hombre-mujer (el heteropatriarcado), es como la sociedad que se organiza en base a la raza: racista. Porque la heterosexualidad no es una pulsión, es una ideología, como el racismo. El negro, el trabajador, la mujer: no son categorías de la diferencia, sino de la opresión. Y a esta opresión socio-política y económica la llamamos normalidad o estado de paz.
 
Que maten y violen a mujeres a diario y que generación tras generación sean colocadas sistemáticamente en la periferia es parte del funcionamiento normal de la democracia y base de lo que considermos una sociedad en paz. Que las mujeres trabajen sin cobrar o cobren menos que los hombres no es un conflicto político que tiene nuestra sociedad. Para ello no hay comisiónes internacionales de pacificación, ni procesos de desarme, no hay en el gobierno ninguna comisión vinculante: porque no hay conflicto político, hay normalidad patriarcal.
 
La democracia patriarcal implica un control basado en la disciplina, donde los hombres gobiernan a las mujeres: esa es la norma en el patriarcado, en eso se basa la paz del patriarcado. Si las mujeres no recuperan el espacio publico, la paz jamás será de las mujeres, es decir, la norma-lidad seguirá basada en la violencia y exclusión sistemática de las mujeres.
 
Como mujer, y ahora que estamos construyendo una nueva Euskal Herria, mi objetivo será gobernar (también) la violencia y el conflicto. Y no andar a la búsqueda de una paz patriarcal que es la encargada histórica de haber oprimido a nuestra clase socio-política. Tal y como se dijo en la ponencia La paz no existe, el feminismo sí, en el patriarcado el conflicto político se da cuando los hombres se matan entre ellos y la paz cuando los hombres acuerdan entre ellos.

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